jueves, 9 de noviembre de 2006

LA LEYENDA DE SCARFACE ROSE (PARTE I)

Era una noche lúgubre, con una luna llena que enriquecía un paraje tétrico para la vista de cualquier ser humano. Entre tanta oscuridad se podían adivinar unos ojos color azul cielo, de mirada reptil, que parecían amenazar a todo aquel que se acercara a ellos…

Así empieza una historia que situamos casi a final del siglo XVIII, en alguna localidad francesa con todo el escándalo que allí sucede. Un hombre de ojos claros, mirada desafiante y vestimenta oscura, cabalga a lomos de un corcel negro hacia ningún lugar concreto a media noche. De él solo sabremos que no recuerda absolutamente nada, que se encuentra en un mundo que no es el suyo y que generalmente se tapa la cara para que no se le vea una tremenda cicatriz que marcó su antes bello rostro. Una tremenda amnesia borró todo recuerdo de su cerebro, no sabe ni su edad, ni de donde viene, ni tan siquiera como se llama…

Desde que despertó solo sabe hacer un par de cosas, matar a todo bicho viviente que se interponga en su camino e intentar saber su procedencia y vida antes del accidente. Se cree que mata por placer y en la comarca ya han dejado un cartel de “se busca” autodenominándolo “SCARFACE ROSE”, pues además de la cara cortada, a sus victimas les regala una rosa roja segundos antes de desvanecerse sin vida.

La verdad es que le tienen bien estudiado, pero se equivocan en una cosa, este individuo no mata por placer sino que lo hace por venganza pues todo aquel que se muestra ante sus ojos puede ser el que le hirió de muerte dejándole con unas secuelas tanto físicas como psicológicas.

Cuando despertó de su tremendo letargo, casi sin aliento en medio de un bosque, no recordaba absolutamente nada pero sus instintos de supervivencia no le habían abandonado y su deseo de vivir tampoco, una dulce mujer le había traído medicinas y vendajes, le acercaba agua de un río cercano y le daba de comer a diario, aunque en verdad, él no sabe cuanto tiempo estuvo en esa situación.

Una mañana, todavía indefenso, vio que un individuo alto y fornido agarraba a esa mujer de buen corazón y se marchaba con ella pese a la oposición que ejercía para no abandonarle. Desde el suelo nuestro protagonista intentó defenderla, pero fue en vano, recibió una buena paliza y una frase: “eres ridículo”. Una frase gesticulada con unos ojos penetrantes y reconocidos, justo después cayó desplomado. Cuando recupero el conocimiento, su vaga consciencia le hizo atar cabos, pensó que esa mujer le devolvió la vida por algo, que esos ojos que pronunciaban la frase no le sonaban por casualidad y que si quería saber algo de su pasado debía dar con aquellas dos personas…
(CONTINUARÁ)

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