Un monstruo vino a verme y en mi casa se quiso quedar,
No te preocupes, dijeron, si ataca saldremos en tu defensa,
Obligado a darle cobijo, a su presencia me debía aclimatar,
Empezó a gruñir y la convivencia pronto tornó a ser tensa.
No le di importancia, un lado salvaje tarda más en amaestrar,
Reporté alguno de los sucesos, la línea pasó de fina a densa,
El supuesto socorro terminó siendo un “te tienes que acostumbrar”,
Llegando a un punto de inflexión de vida tranquila a muy intensa.
Toqué varias puertas, expliqué el problema y nadie quiso ayudar,
Que no digan que no lo hice, sólo faltaba publicación en prensa,
Todos entendían las circunstancias, pero se negaron a apoyar,
En esta sociedad el bienquedismo, cree que todo lo recompensa.
Era insoportable y su presencia terminó convirtiéndose en ofensa,
“Si la situación no aguantas, ya sabes, tu casa deberás abandonar”,
La bestia se convirtió en un parásito y mi vida en su despensa.
Si de mi hogar me tengo que ir, para echarle lo deberé quemar,
No la abandonaré solo, esa será mi propia autodefensa,
Por aquellos vecinos pasivos que viven cerca de mi hogar,
Lo sentiré si mi pesadilla se muda o son presos de llama extensa.
A veces las situaciones extremas, son las que te hacen improvisar,
En los momentos más difíciles de tu vida, no te hundas: piensa,
Busca un apoyo real, no uno falso que se oculte en el consolar,
Y ten paciencia absoluta pues cada esfuerzo tiene su recompensa.
